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Cárdenas
En el año de 1761 la hacienda de la Ciénega era propiedad
de don Manuel Antonio Rojo del Río, Lafuente y Vieyra. Al
serle confiscados y rematados sus bienes, estos pasaron a
poder de Félix María Calleja del Rey y posteriormente a
don Felipe Barragán. A la muerte de este último dicha
propiedad quedó en poder de sus hijos Juan y Luisa
Barragán.
Al sobrevenir la guerra de la Independencia, se registraron
diversos hechos de armas en territorio de la hacienda de
Cárdenas. Se mencionan en diversos combates las fuerzas
realistas al mando de don Cayetano Quintero y don Felipe
de la Garza y las guerrillas insurgentes de Desiderio Zárate.
Pronto vendría el ferrocarril, tragando kilómetros del
paisaje y esfumando las noticias del pasado de la hacienda
de Cárdenas. Efectivamente los trabajos de construcción
de la vía férrea San Luis Potosí-Tampico habían
comenzado en 1881; la obra avanzaba lentamente, tanto
en el extremo potosino como desde Tampico. Hubo las
consiguientes interrupciones, contratos no cumplidos,
fondos insuficientes, líos judiciales, etc.
En estas obras hubo que superar las dificultades que
presentaba el tendido de la vía desde Tamasopo hasta el
Altiplano construyendo varios túneles, horadando
montañas. En esta atrevida obra que desafiaba la sierra, al
fin se encontraron las vías delante de la actual población
de Cárdenas, en la Labor, el mes de abril de 1890.
A partir de entonces se transformó totalmente la vida en
Cárdenas; pronto se instalaron los talleres de la “División
Cárdenas”. Creció la población, se fundó el barrio de
“Rasconcito” y la “Colonia Americana”, se activó
notablemente el comercio con la afluencia de muchas
familias que llegaron procedentes de Alaquines, Rayón,
Lagunillas y de otros lugares aún más distantes, fue una
época eufórica que desbordaba jubilosa en todos los
ámbitos de la región. Esta situación duró hasta 1910.
A principios del año de 1911 se supo en Cárdenas de los
primeros brotes revolucionarios encabezados por Higinio
Olivo, nativo de La Labor y Juan Torres Pérez, levantado en
armas en “El Corito”. Las fuerzas de Pedro Montoya y los
hermanos Juan y Victoriano Torres entraron en Cárdenas
en 1911. En 1912 los hermanos Cedillo, Magdaleno,
Saturnino y Cleófas iniciaron una serie de tropelías en
abierta rebelión contra el presidente Francisco I. Madero.
En 1914 los cedillistas estaban posesionados de Cárdenas,
allí habían establecido su cuartel general y cometieron
atropellos de toda especie. Se apoderaron de la estación y
de los trenes de carga y de pasajeros.
La batalla más importante registrada en Cárdenas durante
la Revolución, se desarrolló el 27 de mayo de 1917. La
plaza estuvo defendida por una guarnición al mando del
coronel Fidel Garza y los capitanes primeros Ramón
Hernández y Margarito Negrete cuando fue violentamente
atacado por fuerzas cedillistas. El combate se extendió por
toda la población, los atacantes tomaron las instalaciones
del ferrocarril, quemaron el tanque de chapopote y la
báscula e intentaron quemar la estación.
Fue totalmente aniquilada la guarnición federal, muriendo
todos los oficiales y soldados y ya en estas condiciones los
rebeldes iniciaron la destrucción y el saqueo de la
población.
Volvieron los cedillistas a fines del mismo año, pero en
esta ocasión fueron rechazados y perseguidos hasta “El
Tulillo”.
Ya establecida la paz, el 16 de noviembre de 1920, siendo
Gobernador del Estado el C. Rafael Nieto, el Congreso del
Estado dictó su Decreto No. 18 por medio del cuál se
erigió al municipio de Cárdenas, siendo su cabecera el
pueblo de este nombre que había pertenecido a la
jurisdicción del municipio de Alaquines. Al tener categoría
de cabecera municipal le correspondió, por consiguiente
el título de Ciudad, pero en lo eclesiástico siguió
perteneciendo a Alaquines.
El 29 de septiembre de 1923 con motivo de la contienda
política entre Aurelio Manrique y el Lic. Jorge Prieto
Laurens, declarado este como Gobernador del Estado,
tomó posesión del gobierno, pero Manrique no admitió su
derrota y apoyado por los cedillistas instaló “su gobierno”
en Cárdenas, titulándola como “Capital Provisional del
Estado” y después, por Decreto No. 4 de la Legislatura del